La historia de mi dedo (parte 4)

Dolor en el pie

Mucho dolor en el pobre pie

Era el lunes 25 de enero, primer día de curación. El fin de semana había estado con los antibióticos y a ratos la fiebre parecía ceder, pero el dedo no dejaba de doler y la piel la sentía tirante debajo de las vendas, el dedo parecía apretujarse ahí dentro. Me llevaron al Megasalud de Dorsal con Vivaceta, para no tener que ir tan lejos y porque debía ser una “curación simple”; solo debían limpiar con suero fisiológico y cambiar la gasa. No había forma de que lo arruinaran… ¿o sí?

Desde que estábamos en la sala de espera supimos que ni siquiera las recepcionistas estaban enteradas de que ellos sí realizaban el procedimiento, y después, una enfermera, o auxiliar de enfermería, confundida, me llevó a una sala para curarme. Me sacaron las vendas, las gasas y salió un dedo feo. En realidad era un algo redondeado y rojo con un espacio más rojo donde alguna vez estuvo la uña. Dolía aún, ardía aún. Hicieron la curación de forma torpe, la mujer estaba un poco asustada. Cobraron “curación simple” y me fui para la casa otra vez, con mi dedo a medias y la fiebre.

Nada, pero nada mejoró. Lunes, martes, fiebre todo el tiempo, dolor articular, los músculos. Era una inválida, me sentía tan débil. Y el dedo no dejaba de doler… se suponía que con los antibióticos y el drenaje ya debería haber estado saliendo de la infección, pero no. Miércoles por la mañana, descubrí y descubrimos en familia, que en el empeine del pie derecho, casi al llegar al tobillo, tenía una mancha morada-negruzca. Partimos al hospital, ahora yo con muchas menos esperanzas.

El primer médico que me vio, que además era reumatólogo, me sacó las vendas y dijo que la infección no había terminado. Peor, avanzaba, avanzaba a través de mi pie en una línea negra que llegaba hasta esa mancha y pensaba seguir expandiéndose quién sabe hasta dónde y con qué consecuencias. Tuve mucho susto, estaba infectada con algo que me estaba pudriendo. Ese dedo se estaba muriendo y yo no tenía ninguna fuerza para ayudarlo ni ayudarme. Me dijo que me tendrían que hospitalizar porque además de la artritis, podía ser alguna otra enfermedad autoinmune… como Lupus. Entonces me llevaron a la Urgencia a preparar mi ingreso.

Eso fue el miércoles 27 de enero, yo diría que uno de los días más tristes de mi vida. Estuve primero sentada en la silla de ruedas un par de horas… no iba a morirme ahí en la posta, en cambio otras personas sí, así que tuve que esperar. Después me hicieron el ingreso y como en un ritual de iniciación, un paramédico joven me tomó los signos vitales, luego me tomó la mano y así, como si mi quisiera, me instaló la primera vía de mi vida en las venas.

Para seguir quitándome mi independencia y toda lo que alguna vez había conocido, me pusieron en una camilla y me quitaron mis cosas. Antes alcancé a mandarle un mensaje de texto a mi mejor amigo, que decía: “Oye, me hospitalizaron :(“ Y eso fue todo, porque me llevaron el celular también. Era como irse preso. Entonces empecé a esperar ahí acostada, queriendo ponerme a llorar y sin lograrlo. Escuchando a veces un timbre, una chicharra, que era la señal de que alguien había tenido un paro cardíaco. A mi alrededor más camillas y algo de olor a meado y mucha gente enferma. Ahora yo también era gente enferma y tenía susto porque mi dedo se estaba pudriendo y yo con él y no sabía por qué. A la vez tenía susto porque no sabía lo que iba a pasar.

Me decían que podían ser un par de días, hasta que identificaran la infección y empezar un tratamiento, mientras veían qué era lo que me tenía tan maltrecha. Gente enferma y eso era yo. Me acordaba de un libro, de las memorias de mi escritora favorita, de una vez que contaba que se había enfermado en su casa y la sacaron de su edificio en camilla. Todos los vecinos la miraban y ella sintió pudor, porque al fin, al fin era ella la enferma, a quien todos miraban con lástima, curiosidad, pena, miedo. Ahí me estaba pasando, en un pasillo lleno de enfermos, yo una más. Me negaba. Yo, que siempre lo había podido hacer todo sola, estaba ahí como toda esa “gente enferma”. Los débiles. Yo, una más. Recién me estaba enterando de ello. Estaba recién empezando.

(Sigue en la parte 5, paciencia por favor).

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2 Comments

  1. la dura… podrías escribir algún libraco en honor a todas las lúpicas.. sería un buen ejemplo, ayudando a afrontar todas estas cosas que nos pasan….

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