Síntomas y manifestaciones del Lupus 2: Síndrome Antifosfolípido

Atención: estas pequeñas guías de síntomas y manifestaciones del Lupus son solo de carácter informativo. Cualquier diagnóstico o tratamiento debe ser entregado por un médico (yo soy periodista). Y no olvides que para todos los pacientes el Lupus es distinto, así que no todos los síntomas necesariamente te van a pasar a ti.

 

Coágulo

En el SAF se forman coágulos como el de la imagen, que pueden obstruir venas o arterias.

¿Qué es? El síndrome antifosfolípido (SAF) es un desorden en la coagulación de la sangre provocado por un tipo específico de anticuerpo: el autoanticuerpo antifosfolípido. Si estos autoanticuerpos están presentes en nuestra sangre aumentan las posibilidades de tener una trombosis o abortos espontáneos.

¿Qué partes del cuerpo afecta? Los coágulos producidos por los autoanticuerpos antifosfolípidos viajan por el torrente sanguíneo, afectando principalmente al cerebro o al pulmón, causando accidentes cerebrovasculares o embolias pulmonares, respectivamente, cuando obstruyen venas o arterias de estos órganos. No obstante, pueden afectar a cualquier parte del cuerpo.

¿Cómo lo podemos reconocer? Si se tiene Lupus Eritematoso Sistémico y se sufre una trombosis, es probable que se deba al SAF, sin embargo, esta es una forma tardía para reconocerlo. Por suerte, existen exámenes específicos para detectarlo previo a algún accidente vascular. Con una muestra de sangre se puede realizar la prueba de anticoagulante lúpico, la de anticardiolipinas y la anti B2-glicoproteína (nombres complicados pero todos apuntan a la detección de este síndrome). Se recomienda hacer todos estos exámenes de manera combinada, ya que no todos podrían salir positivos, ocultando la presencia de los autoanticuerpos.
Además alguno de ellos podría dar positivo de manera transitoria, por lo que para confirmar la presencia del SAF deben repetirse los exámenes con un espacio de tiempo de al menos 3 meses.

¿Cuáles son los riesgos? Como ya revisamos, lo son los accidentes vasculares a nivel del cerebro o pulmones. Otro riesgo importante y que seguro preocupa a muchas de nosotras, es el de los abortos espotáneos. Sin un tratamiento adecuado es muy difícil mantener un embarazo teniendo SAF.

¿Cómo puede evitarse o disminuir su efecto? Si tus exámenes han dado positivo para SAF lo primero que debes hacer es dejar de consumir anticonceptivos orales, ya que estos aumentan el riesgo de trombosis. Por otro lado, debes tomar medidas anticonceptivas extra, ya que si te embarazas sin un tratamiento apropiado podrías sufrir un aborto espontáneo.

¿Cuál es el tratamiento? Si te detectan SAF puede que te inicien una terapia anticoagulante para evitar las trombosis. Como estos medicamentos diluyen la sangre hay que tener cuidado con las situaciones donde puede haber sangrado, como accidentes o intervenciones quirúrgicas.
También se evalúa si hay otros factores de riesgo como hipertensión, colesterol alto, diabetes o tabaquismo (en realidad si dejas de fumar será positivo para tu Lupus en mil formas). Estos deben tratarse para bajar la posibilidad de sufrir una trombosis.
Sé que para muchas de nosotras surgen muchas dudas con respecto al embarazo. Si bien existen riesgos de sufrir pérdidas a causa del SAF y es posible que a varias de nosotras nos sea detectado después de abortos espontáneos recurrentes, con un tratamiento adecuado es posible tener hijos sanos. Por supuesto, en nuestro caso lo mejor es que si te quieres embarazar lo consultes con tu médico para que prevean cualquier riesgo y lo planifiquen de la mejor forma posible.

¿Qué otras recomendaciones podrías dar para cuidarse del SAF? ¿Has tenido problemas relacionados con él?

La historia de mi dedo (parte 3)

dedo cheuto

Así más o menos se veía mi dedo antes del procedimiento.

Tal vez en esta parte de la historia sea conveniente empezar a fechar los hechos concernientes a mi dedo. Nos situamos entonces en el miércoles 20 de enero de 2010, justo un año y medio atrás. Esa madrugada llegué a Santiago y esa misma mañana fui con mi tía al Hospital San José, donde la dermatóloga dra. M. me vio en la buena onda, como un favor para mi tía, que trabaja ahí. Le conté lo que me habían dicho en Punta Arenas: que el dedo estaba resfriado. Claro, le causó más gracia que a mí el día anterior y me dijo que no, que estaba infectado, infectadísimo.

El dedo estaba feo y se me empezaba a hinchar el pie. La doctora me dio antibióticos y dijo que en un par de días la inflamación, la fealdad, el dolor y la fiebre debían empezar a ceder. Si no ocurría, tendría que regresar. Me fui para la casa a hacer reposo y antes que pasara un día, a la fiebre y todo ese dolor muscular, se sumó la artritis. Pensé que volvía por causa de la infección, me parecía que tenía sentido. Entonces ya todo me parecía bastante horrible porque definitivamente, no podía moverme. De pronto, como por un hechizo, uno bien malvado, era como si me hubieran desaceitado cada una de las articulaciones. Hacía tanto calor en Santiago, me llevaron a la pieza más fresca de la casa de mi abuela, que lamentablemente, tenía la cama más alta, así que ahí tenía que quedarme, y pedir asistencia si necesitaba ir al baño o moverme para cualquier cosa.

Así pasé miércoles y jueves. Más encima, cuando volví del hospital (agárrense los delicados), sufrí un pequeño accidente en el dedito. Explico cómo estaba. Tenía el dedo hinchado, rojo y quizás con materia, que nunca fue muy dada a salir, así que no piensen en pus. Debido a la hinchazón, la uña tendía a salir de su espacio, quedaba algo suelta. Por esos días estaban pintando el living donde mi abuela y los muebles no estaban en su lugar. Yo me movía con dificultad, saltando con el pie izquierdo, es decir, más torpe aún. En eso estoy cuando sin querer, le doy un chute, pero un chute cuático, a uno de los sofás, justo en el palo que llevan abajo, aterrizando sobre el palo con todo mi dedo y con nada más que el dedo. Sentí un dolor horroroso y un líquido tipo plasma empezó a salir, pero sobre todo, sentí que la uña definitivamente se había soltado. Y así quedó colgando. Pensé que podía dejarla así, porque iba a estar sin moverme… yo pensé muchas cosas que no eran nomás.

Al día viernes 22 de enero teníamos: dedo al aire, pie rojo hinchado, uña colgando, líquido con sangre saliendo de vez en cuando, fiebre que no cedía, dolor articular generalizado. Con todo esto, volví al hospital, no me quedaba otra. Me vieron de nuevo en la buena onda y me dijeron que me tenían que hacer un drenaje, pero para eso tenía que ingresar como todas las personas, lo que me pareció bien… por la urgencia, lo que no me pareció tan bien… y ahí me realizarían el procedimiento. “El procedimiento”, a mí nunca me habían hecho un “procedimiento” y no se me hacía que la dipirona intramuscular de la posta de Punta Arenas contaba (con todas las inyecciones que recibí en el mes y medio por venir, definitivamente no).

Pasé con mis dos tías y me empezaron a hacer el ingreso. En el San José, aunque había mucha más gente, todo me parecía más serio y más organizado que en Punta Arenas. Creo que afuera se quedó esperando mi papá. La verdad solo creo, me acuerdo que me llevó de vuelta a la casa, pero no sé si estuvo toda la mañana… disculpen si a veces contando me olvido o confundo cosas, pero ya ha pasado un buen rato y además fueron tiempos complicados, si se entiende…

Me acuerdo que me hizo mucha gracia que en la pulsera de ingreso decía que yo tenía 21 años. Me juraba lolita y trataba de presumir de ello. Esos días aún me quedaban ganas de presumir de algo y aún me juraba mina o la última chupada del mate o el hoyo del queque. Con un dedo podrido, pero regia igual, según yo. Ahí estuvimos esperando un rato, fue durante la mañana creo, a que me hicieran el procedimiento. Entonces me hicieron pasar a un pabellón de la Urgencia, un lugar hermoso, inolvidable, que más abajo paso a describir.

(El próximo pasaje podría ser desagradable para algunas personas).

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